
(tiempo de lectura: 7 minutos)
Desde que se me ocurrió escribir este blog (poco después de nacer mi hija) cuando lograba ponerme a escribir el primer artículo, siempre conseguía ocuparme con alguna otra cosa. Mis dedos comenzaban a escribir el primer párrafo, luego mis ojos lo releían rápidamente para -invariablemente- decidir que no me gustaba, de repente la motivación se esfumaba y seguidamente dirigía la atención hacia cualquier otra cosa que se me pasara por la cabeza. Era como si una parte de mi no quisiera escribirlo aunque en realidad tenía una ganas inmensas y cada vez que tenía una idea para un artículo la escribía en una libretita (al día de hoy tengo unas 60 -y aumentan diariamente-). Luego de una situación sin importancia -se las cuento más abajo- me dí cuenta de que mi problema es que tenía miedo de escribirlo.
Y no se trata de ese miedo que te dan las arañas de a kilo que te pueden aparecer de noche en la jungla amazónica, no. Sino el miedo brumoso que te hace titubear ante una oportunidad, lanzándote a la cara los posibles resultados negativos y dejándote en un limbo tonto en el que, o no haces nada, o te ocupas con alguna tontería el tiempo suficiente para que la oportunidad se esfume. La próxima historia refleja claramente como el ser inteligente emocionalmente puede tener un impacto positivo en nuestras vidas.
Las oportunidades también viajan en bus
Como casi todas las mañanas, dejé a mi hija en su guardería y me subí al autobús para dirigirme al trabajo. Al rato de sentarme, sentí que alguien me miraba por lo que volteé instintivamente para conseguirme con un joven universitario que miraba atónito a la hermosa chica que estaba sentada justo a mi lado. En su cara se leía claramente que los pies de este chico le decían “vengaaaa, muévenos coñoooo que son solo 3 pasitos y te ponemos al lado de ese bellezón para que le hagas reír y se enamore de ti”, pero su cerebro le contestaba “no muevas ni un dedo!, vas a hacer el ridículo frente a toda esta gente, y seguro que esta diosa venusiana no nos hará caso”. Era la estampa típica para el 99% de los muchachos que se fijarían en esta chica. Pero ese 1% que haría algo diferente no tardó en acercase desde el otro extremo del bus para decirle de manera muy natural “perdona, tu no estás en la clase de economía política?” para lo que ella contestó con una sutil sonrisa “yo estudio ingeniería”, él sonrió y le espetó alguna tontería que inició una conversación que prosiguió hasta la parada de bus de la facultad de ingeniería, donde se bajaron juntos (la parada de economía había quedado atrás hacía rato). Joder, vaya maestro el muchacho!. Yo a su edad no hubiera podido acercarme así con tanta confianza y naturalidad ni estando borracho.
Al bajarme del bus pensé que lo que acababa de presenciar era un excelente ejemplo de como el miedo te puede hacer perder buenas oportunidades, y el controlarlo (y ponerle pelotas -u ovarios-), al menos te da la posibilidad de aprovecharlas. Allí me di cuenta de que aunque me encantaría escribir sobre ello, por mil y unas razones válidas que me vienen a la cabeza, lo pospondría indefinidamente (es que quien coño tiene tiempo de escribir un blog mientras trabaja a tiempo completo y además tendrá 3 hijos en una casa donde tu esposa también curra como la que más). Fue entonces que caí en cuenta de que reflejaba la misma actitud que la del muchacho que no se acercó.
No tomar la iniciativa es la salida más fácil, pero en definitiva no la más conveniente porque la oportunidad pasa y también lo hace la posibilidad de tener éxito o fracasar ( y en el fracaso por lo menos te queda un aprendizaje). Y esto se aplica a un montón de cosas que sabemos pueden ser beneficiosas (dejar de fumar, hacer ejercicio, ordenar los papeles del despacho, etc). A veces pareciese que es por pereza, pero muchas veces es ese sutil miedo a perder la comodidad momentánea y lanzarse al cambio. Al estar escribiendo la tercera entrada de este blog, sigo ejercitando el no ponerme pretextos para hacer lo que quiero, buscando el momento donde antes parecía no haberlo -o donde perdía el tiempo-.
El miedo es más poderoso que el razonamiento
El mecanismo neurológico del miedo es mucho más poderoso que el mecanismo del razonamiento, está enterrado en la amígdala, que es una estructura primitiva muy eficiente de nuestro cerebro. Es una cuestión de evolución y sobrevivencia por la cual estamos programados para salir corriendo primero y luego hacernos las preguntas respectivas. Hoy en día ese mecanismo juega un papel muy importante al momento de tomar decisiones, lo utilizamos en tareas simples como al cruzar una calle rápido para no ser atropellados, o para situaciones más complejas como evaluar si un negocio puede ser viable o decidir en que acciones invertimos en la bolsa.
7 pasos para controlar el miedo y jugar con ventaja
Para que tus miedos te sirvan como guia y no como obstáculo (y seas parte de ese 1% que marca la diferencia):
- Reconoce tus miedos y preocupaciones: Solo con esto mejorarás tus decisiones y controlarás uno de los pilares de tu inteligencia emocional. Pregúntate porqué no actúas hacia lo que quieres o tienes como objetivo, trata de definir claramente cuáles son tus preocupaciones y miedos.
- Visualiza el mejor resultado posible: Sueña despierto con el éxito y aprovecha las endorfinas que generan tus pensamientos positivos. Este paso es crucial para motivarte y pasar a la acción, además de que defines el escenario positivo.
- Define los posibles resultados negativos de manera realista: solemos ser más dramáticos y exagerados ante un posible fracaso que ante un posible éxito. Sabiendo esto, trata de definir el peor escenario, así podrás compararlo con el anterior y entender si vale la pena el esfuerzo que necesitará.
- Infórmate: La incertidumbre se cura con información. A veces el informarse se consigue calculando los números de tu tentativa de negocio, o preguntándole a tu pareja sobre algo que te molesta de su actitud. No dejes este paso de lado, la información es poder y tu quieres toda la que puedas obtener para tomar la mejor decisión. En los negocios por ejemplo, la mayoría de las oportunidades suelen no serlo (especialmente cuando te venden que duplicarás tu inversión en poco tiempo), por lo que esta etapa es crucial si quieres iniciar un negocio o invertir en el negocio de otros.
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Planifica: Has reconocido tus miedos, estás informado y tomas en cuenta los posibles resultados negativos y positivos. Es el momento de escribir en un papel (o en google docs estos escenarios y los pasos a seguir, así como cuantificar el esfuerzo necesario (económico, dedicación, familiar, etc.). Claro está que si la situación es hablar con alguien en un bus, omite este paso y ve directo al grano coño, que se baja en la próxima parada.
- Da el primer paso: Es el momento de pasar a la acción. No lo dejes para después (es muy fácil ocuparse en cualquier otra cosa, o dejar que la pereza te postre en el sofá frente a la tele). Este paso te diferenciará de la mayoría, la pereza es la norma, por eso tantos productos malos se venden con la garantía de “úselo por 30 (y 60, o 90) días y si no lo quiere lo envía de vuelta y le devolvemos su dinero”, porque aunque no sirva o se rompa, la mayoría ‘lo deja para mañana’ y la garantía expirará antes de que te des cuenta.
- Practícalo: Como en todo, la práctica hace al maestro. No tienes que llevar esta lista en el bolsillo, pero ten estos pasos en cuenta mentalmente cuando se te presente una oportunidad. Y si es algo importante, vuelve aquí y l y lo relees para que te de ideas de tus pasos necesarios para que el miedo que puedas tener te guie hacia la mejor decisión.
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Amigo, que blog tan fantastico y tan real! me encanta que hayas empezado a escribir.
Lo hermoso de convertirnos en adultos es que poco a poco la vida nos va ensenado a perder el miedo, empezamos a valorar otras cosas y a disfrutar de la simplicidad de la vida! te deseo mucha suerte, siempre y que sigas feliz con tu hermosa familia! un abrazo y que dios los bendiga. Viviana (cocho)
Chamo, que genial! No sabia de tus ansias de escribir pero bienvenidas! Además está super bien que incluyas fotos de tu familia así es un blog de todos, están onmipresentes…Estoy oficialmente suscrita a tu blog así que ESCRIBE hombre, escribe!
Grande Pablete !!!!
Muy interesante las cosas que estás poniendo y sobre todo en un lenguaje muy “bajado a tierra”. Me encanta. Y los videos, vamos, que Spielberg empiece a temblar
Un abrazo y saludos a tu familia, que sin ellos no hay blog. Ciao
Buenisimo Pablo!
He disfrutado muchísimo leyendo este artículo lleno de inspiración y buenos consejos
Intentaremos ponerlo en práctica!
Te envío la web del centro Zen de mi hermana “Espai Zen Kannon Gyo” http://www.kannongyo.com, un lugar en el Borne en donde se realizan muchas actividades idóneas para poner en marcha los 3 primeros pasos que comentas: reconocer(se:), visualizar y (re)definir(se)…
Enhorabuena por este brillante artículo y gracias por compartirlo con todos nosotros!
Un abrazo
C:)